Nos puede parecer mentira que toda una civilización avanzada como la nuestra, esté “en manos” de tan pequeños insectos, esos a los que en multitud de ocasiones hemos eliminado nosotros mismos por resultar realmente molestos.

En palabras del propio Einstein “Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres.  Según los últimos estudios, la población de abejas se está reduciendo.

Desde la antigüedad, la historia de la humanidad ha estado unida a la de las abejas. Las abejas aparecieron sobre la Tierra hace 80 millones de años. Si desaparecieran se produciría un importante desequilibrio ecológico ya que desaparecería la polinización y esto causaría una alteración de los ecosistemas.

Las abejas intervienen en el ciclo vital de numerosas especies tanto vegetales como animales. Además de contribuir a la polinización de plantas silvestres, generando semillas y frutos que impiden la desaparición de la vegetación y con ello la erosión, además de servir de alimentación de muchas especies.

Las abejas son una de las especies que se encuentra en peligro de extinción, debido a las acciones humanas.

abejas

Hace ya dos décadas que un grupo de agricultores franceses se percataron del despoblamiento de las colmenas a causa de la desaparición de las abejas.

Posteriormente se comprobó que este no era un fenómeno local sino que afectaba a nuestro planeta de una forma global, y dada su importancia y repercusión, no han sido pocas las investigaciones llevadas a cabo para conocer las causas de su desaparición: los monocultivos, el calentamiento global, virus, bacterias, hongos, parásitos, pesticidas…

Pero además estos mismos factores que atacan a las abejas, también lo hacen con otros polinizadores silvestres, con lo que no existiría posibilidad de “sustituir a los agentes polinizadores dañados”.

Un mundo sin abejas sería también un mundo sin flores

Tambien esto llevaria a un mundo, sin vegetación, a un paso de la aridez total.

Es por ello que se hace cada vez más necesaria una toma de conciencia sobre el problema, una acción combinada de la ciencia y las políticas medioambientales y agrarias.

No para buscar alternativas a su desaparición, sino para paliarla y en la medida de lo posible, para evitarla, a través del control en el uso de pesticidas y productos fitosanitarios de forma controlada y responsable, con el cuidado de las especies protegidas y de mantenimiento de ciclos vitales.

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